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El secreto cátaro

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El aroma fue tan intenso que dificilmente podría olvidarlo. Incluso el aire templado que parecía cubrir de luz cegadora todo a mi alrededor, resultaba parte imprescindible de aquella composición armónica. Aún ahora, cada vez que cierro los ojos, vuelvo a estar ahí arriba. Revivo nuestro paso por aquellas geografías ciclópeas, tan horizontales, plagadas de gargantas y desfiladeros, en los que la única luz que se abría a nuestra vista era la del brillo ocasional de los rápidos arroyos que descienden galopando entre cantos y árboles cubiertos de musgo por los profundos cauces de aquellos abismos. Cualquier pensamiento, por mínimo que fuera, es seguro que se vería obligado a buscar el modo de alcanzar aquél cielo tan lejano, como si se tratara del humo de un hogar saliendo por la chimenea... Cada vez que cierro los ojos viene a mi el sabor fuerte de esa botella de Calvados que casi al completo nos bebimos en "La patate qui fume" con el inglés trasplantado desde hace años a aquél ...

Piezas revueltas

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Je sais les cieux crevant en éclairs, et les trombes Et les ressacs et les courants : je sais le soir, L'Aube exaltée ainsi qu'un peuple de colombes, Et j'ai vu quelquefois ce que l'homme a cru voir ! Con los dedos aún manchados de tiza enmudecida, respiró con tanta fuerza que hubo quien aún se maravilló de no ver reventar sus entrañas. Quizá -se dijeron- goza de la protección de alguna deidad para nosotros desconocida, de esas que traen los libros que guarda en la fresquera, junto a tomates, quesos y algún resto de carne que parecía haber sido muerta antes de que su madre lo pariera. Quizá... -cantaba él. Y mientras escupía al río para conseguir trazar un círculo perfecto sobre sus aguas, pensó en su primer empleo, aquél que recibió en el puente de La Tournelle, hace ya tanto tiempo... Fue entonces cuando giró sobre las suelas de sus botas nuevas, y agitando los brazos, exclamó: - !Ahora, por fin voy, a volar!

La colina de Santa Bárbara

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Una larga hilera de pequeños postes de palo se extiende sobre la colina de Santa Bárbara, frente a las aguas del Golfo de Gascuña, en un extremo de la bahía de San Juan de Luz. Fueron colocados para recordar al mar, que hace ya tiempo se llevo la vida de unos seres muy queridos para los vecinos del lugar. A los postes ataron flores de todo tipo y color, y durante mucho tiempo airearon su fragancia a la niebla que asoma todas las noches por el horizonte y a las gaviotas que se refugian en tierra cuando anuncian tormenta. Pero el tiempo pasa y las flores se han ido marchitando. Algunas han desaparecido ya, y sólo queda en el poste el resto de una cinta o un cordel ondeando al aire. Y nada más... En la mayor parte de ellas, todavía puede verse algún resto de la planta que lo adornó, como si se tratara de la sombra fugaz del recuerdo que quiso mantener. Sólo uno, ese chico rubio y sonriente que aparece en la fotografía que acompaña a un ramo de amapolas, miraba fresco y lleno de color al m...

9 años. Le vent se lève!...

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- Jamás podré negar una moneda a alguien que canta el “ Let it be” . No puedo. Más aún si lo hace tan bien. Corríamos por los túneles del metro en Pigale algo despistados, y según dejamos la moneda detuvimos en seco nuestro paso. Veíamos poco claro en el mapa cuál de los caminos que teníamos frente a nosotros era el que debíamos seguir para coger la línea dos hacia Pere Lachaise. La cantante, que vio en lo que estábamos, aprovechó el momento instrumental de la canción para preguntarnos a través del micrófono por la dirección que queríamos tomar, y decirnos luego el camino que debíamos seguir. Curioso hasta dónde le pueden ayudar a uno las canciones de los Beatles... Unas horas antes, Josef, o como se escriba en Rumano, nos deleitó con su habilidad al violín mientras viajábamos en la 12 en dirección a Montmartre. Mientras pasaba la gorra nos oyó hablar en castellano y preguntó por España: - Viví 10 años en Burgos de la música, como ahora hago aquí, y bastante bien. Pero cuando empezó la...

La monja, un dragón y el péndulo de Foucault

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Siempre que acudo a París me gusta pasarme antes que por ningún otro lugar por el Panteón: es una costumbre de años, de la que por nada del mundo me gustaría desprenderme. Alli me he encontrado con el par de monjas por primera vez, sorprendentemente frente al homenaje a la Convención, fotografiandolo -ellas-, por un lado y otro, de izquierda a derecha. Curioso muy curioso, pero para cuando he preparado mi teléfono, ellas ya habían desaparecido. Afortunadamente al bajar por el boulevard Saint Michel y poco después de pasar su confluencia con San Germain, me las he vuelto a encontrar frente a la estatua del santo matadragones. Y en esa ocasión, una de ellas no se me ha escapado. Hoy por primera vez, he cazado una monja. PS. Aviso a navegantes: el panteón está de obras y por dicho motivo se ha desmontado el pendulo de Foucault. Según se dice en el aviso allá colocado, no volverá a montarse hasta dentro de tres años. Sin embargo, seguiremos moviéndonos...  

Un mirador sobre el Tajo

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Siguiendo con las publicaciones decimonónicas que nos regalaron con magníficas ilustraciones de la época, ocupa un lugar importante entre ellas “El Museo Universal: periódico de ciencias, literatura, artes, industria y conocimientos útiles”, que salió a la calle durante casi medio siglo, entre los años 1860 y 1901. Lo que diferenciaba a esta publicación de otras por el estilo es su carácter enciclopédico, en tanto que dedicaba sus contenidos a difundir conocimientos prácticos en torno al funcionamiento de máquinas, herramientas o cualquier novedad tecnológica que se diera por aquél entonces. Así, pueden encontrarse entre sus páginas descripciones detalladas e ilustradas del modo en que opera un telégrafo, un molino, unas bodegas o los aperos de labranza de una región determinada. También lo diferenciaba, a vista de hoy, la calidad de sus firmas. Durante algún tiempo, por ejemplo, fue su director literario Gustavo Adolfo Bécquer en colaboración artística con su hermano Valeriano, quien...

Tragapeces

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En la Hemeroteca Digital , uno se encuentra con verdaderas joyas de la prensa histórica. Desde hace ya muchos años, y debido a mi afición a los grabados del siglo XIX, me paseo de vez en cuando por los ejemplares de las ilustraciones de aquella época: “La ilustración”, “La ilustración ibero-americana”, “La Ilustración Española y Americana”, etc… Ahí uno puede encontrarse todo tipo de grabados: desde los puramente paisajísticos, hasta los que pretenden reproducir, como si se tratara de una fotografía, escenas de las guerras de aquél tiempo; hay retratos costumbristas, grotescos, o de los personajes del momento. Lo que parece ser su punto de coincidencia es la maestría y dedicación con la que se elaboraban, su fuerza evocadora de lo que quieren imaginar, y el gusto por detallar todo aquello que entonces tenía algún significado. A uno le embarga la sensación, al contemplar estos grabados y leer los textos que los acompañan, la sensación de que está visitando un pasado mitológico, en el ...