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Relecturas, traducciones y flappers

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Llevo  estas últimas semanas dando vueltas a algunas viejas lecturas: “El gran Gatsby” y “Fiesta” , entre otras. Dicen que la primera tiene que ver mucho con el nacimiento de la segunda. No me resulta extraño, la verdad. Estos dos reencuentros, por ejemplo, vienen a cuento de una película y una lectura frustrada. La primera es la de Woody Allen, “Medianoche en París” , de la que me gusta todo menos el final, que me parece bastante facilón. La segunda –la lectura frustrada-, es por haber comprado un libro de Scott Fitzgerald que creo que es de reciente edición en este país: “Mi ciudad perdida” , donde se recogen una colección de ensayos más o menos autobiográficos según dice su presentación. Pues bien, la frustración es la misma que me decidió a dejar en manos del BookCrossing, sin ni medio leerla,  una edición de Porrua del “Noventa y Tres” de Victor Hugo. Lo siento, más aún con las ganas que tenía de hincarle el ojo, pero aquello me resultaba imposible de leer: o era una traducció...

“Aquél día nevó como no lo había hecho desde hacía cosa de 30 ó 40 años...”

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Desayunaba esta mañana revisando la cada vez menos frecuente actividad en mi barrio blogero, cuando me encuentro con una interesante entrada en "Mesa revuelta"  titulada: "El año de la nieve" Es casualidad, pero una casualidad agradable, pues me ha ayudado aún más a volver a lo que para mi significará siempre un día como hoy, 9 de enero. ¿Qué es lo que significa?. Quienes me conocen algo, y han seguido mi rastro por los diferentes cuadernos que he ido llenando durante estos últimos casi 7 años, sabrán que hace tres, el  9 de enero de 2009, nevó como no lo había hecho desde hacía cosa de 30 ó 40 años . En medio de aquella hermosa y suave marea de aire mezclado con la caricia de la seda, vino a llenar aquél profundo vacío el pequeño Iago, nuestro hijo. Por lo tanto, querido Iago, hoy cumples tres años. Como todos los 9 de enero, desde entonces, tu madre y yo abrimos los ojos a la mañana, y mirando al cielo recordamos aquél día como el más precioso de los que guarda nu...

Comic 4 Xmas

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Aquella mañana, mientras descansábamos en una estación de servicio, entreteníamos nuestra atención en la fina e imperceptible lluvia que caía ahí fuera, al otro lado del cristal. La noche nos sale al camino. Ahora me entretengo con el paso de algún que otro vehículo, o con la luz de las farola que bordean estas solitarias carreteras. Dos pastillas y un café. La vesícula y el sopor. Recuerdo aquella mañana entre los viñedos de Lussac, en una encrucijada que casi de manera obsesiva he frecuentado durante varios días y en las horas más diversas. Recuerdo aquella cabeza de piedra que nos observa eterna desde su canecillo. Es portadora de una edificante lección: desde aquí arriba que os veo, esto es lo que me producís. El paso del tiempo. Y el delicioso pan nuestro de cada día. Recuerdo haber vuelto a la torre de Michel Eyquem de Montaigne, como si de una peregrinación se tratara, buscando una vez más, igual que entre sus páginas, un poco de distancia con todo lo que me es tan cercano. Esta...

Al fin del mundo

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Los que seguís este y mis anteriores cuadernos sabéis de los fuertes lazos de afecto y proximidad que me unen a Ignacio P., persona de la que ya he hablado en alguna ocasión anterior. Se que no es amigo de estas cosas, y que según esté repasando estas líneas con mirada censora estará moviendo la cabeza de izquierda a derecha diciendo - !Noo, noo, noo!-,  pues le disgusta que saquen su nombre a la luz y hablen de él en términos laudatorios. Va a tener que aguantarse y seguir leyendo, o apagar el ordenador y ocultarse bajo las sábanas de su cama, pues quien esto escribe piensa hacer algo que él mismo hubiera hecho si no fuera tan retraído y enemigo de la pompa y el festín. Me refiero a hablar de su nuevo libro, segundo o tercero según se mire, que lleva el sugerente título de "Al fin del mundo" . Como viene siendo costumbre en su autor, esta obra no tiene absolutamente nada que ver con las anteriores: es quizá más fresca, espontánea, colorida y llena de vida. No se trata de nin...

Desorientados

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Recordábamos hace un par de días en Potes, Cantabria, la costumbre que se tenía al construir los templos de alinearlos en un eje este-oeste, encarando las cabeceras hacia oriente, al punto donde nace el sol. De algo relacionado con esto se supone que procede la palabra “orientar”. Hay quien dice que lo de las referencias que tomaban los maestros canteros para formar el eje, se hacía conforme al punto por dónde salía el sol el día que se celebrara la fiesta del santo a quién se iba a dedicar el templo. Esto, pensamos, podría explicar las diferentes orientaciones de las cabeceras, pero dudamos que fuera cierto. Casi la misma conversación, conclusión incluída, la tuvimos en Portomarín, haciendo el Camino de Santiago, cuando nos encontramos con la “desorientada”  iglesia de San Nicolás. Recorrimos los muros exteriores de la parroquia de San Vicente de Potes en busca de algún canecillo, grafito, marca de cantero o cualquier otro tipo de labra que valiera la pena. Nada. Simplemente una viej...

¿Dónde está mi vaca?

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Debía a mi compadre Anarkasis una entrada con este título, pues si en un principio era el que tenía pensado poner al cuaderno, los pudores de quien escribe hicieron que quedara como ahora se ve, dejando lo de la vaca en una anécdota que esbocé en la casa de mi amigo hace unas semanas. ¿Dónde está mi vaca? Es lo que pensaba mientras bajaba corriendo bajo un aguacero veraniego la cuesta de Camembert en busca de mi coche, que había dejado aparcado a las afueras del pueblo. ¿Por qué?, es una historia muy larga, y si tienes la paciencia suficiente, sabrás de ella en las próximas líneas, aunque te advierto que es posible que al llegar al final pienses: - Para este viaje no eran necesarias semejantes alforjas. Es igual: tengo un poco de tiempo, así que allá voy. Habiendo pasado antes por Pont L’Eveque y Livarot, uno esperaba que Camembert fuera también un pueblo crecido, con sus calles, tiendas, parques y demás… Pero no fue así, mon ami : nada más lejos de la realidad. El burgo de Camembert n...

Salto al vacío

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De vez en cuando, como entretenimiento para llenar esos tiempos vacíos en los que las ganas apenas me dan para poco más que permanecer quieto frente a la pantalla del ordenador, buscando algo que haga perderse a mis pensamientos en la lejanía silenciosa de ese mundo, salto al vacío sobre un punto elegido mas o menos al azar y lo recorro de un lado a otro hasta que el interés me hace detenerme en un punto que distraiga mi atención. Estamos en Djibouti, al norte, en la costa del golfo de Aden y a la izquierda de una carretera a la que aquí se llama N-15. Es un terreno inhóspito, desertico en el que lo único que sobresale es lo que no hay en él: las sólidas y enormes nubes que lo sobrevuelan solitarias y silenciosas, dejando solo como testimonio de su paso una sombra que parece avanzar lentamente hacia el norte. No hay más. Por algún motivo recordé a Rimbaud y esa segunda vida que llevó tras su abandono de la poesía. Fue en Aden donde firmó algunas de sus cartas, recopiladas ahora en el ...