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Le festin des horizons changeants

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I Llevo días sintiéndome en perfecta comunión con el tiempo que tenemos. El cielo está cubierto, y en las entrañas de esas nubes parece que eructan los dioses de manera tan sonora y luminosa, que yo diría que quieren quebrar los cielos y cubrirnos a todos de más oscuridad. Malditas sean las tormentas que hay en mí. Vuelo a echar mano de un recuerdo. Un par de días antes de que saliéramos para Portugal, vinieron a vernos unos buenos amigos. Les había sugerido que, dado como está por estos meses de verano lo del alojamiento en la costa, hicieran las dos noches que venían a poca distancia  de aquí, a algo más de media hora en coche, en Espelette, un hermoso y pintoresco pueblo del País Vasco francés. De este modo, aprovecharía para enseñarles una zona que conozco muy bien, lejos del bullicio de veraneantes, menús de paella y olor a crema solar, sobre fondo de calor asfixiante. En pocos kilómetros a la redonda de aquél pueblo, uno encuentra muchas de las cosas que son suficientes para hace...

Saudades III

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A muy poca distancia de Óbidos, en el camino que lleva a Caldas da Rainha, existe una casa de comidas que abrió hace ya más de 50 años, una mujer a la que todo el mundo conoce en la comarca por su nombre -Fernanda-, antecedido de un "Doña" que el tiempo, la edad y el hecho de haber dado de comer a varias generaciones de sus convecinos, hacen más que merecido. "Doña Fernanda" se llama también el modesto establecimiento en el que atiende a su parroquia, y es poco más que la planta baja de la casa en la que nació, donde la cuadra, el cuarto de aperos o garaje, ha sido sustituido por una pequeña sala con apenas cuatro o cinco mesas de aluminio. Por una puerta acristalada que hay frente a la de acceso al comedor, entra y sale Doña Fernanda con los platos que ha preparado para aquél día, pues una cosa sí es de advertir a quién tuviera la intención de visitarla: allí se come "a menú puesto" , uno se sienta y espera a que le pongan lo que toque ese día, cuando dej...

Saudades II

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Cada vez que cae la noche, la memoria de lo vivido va difuminándose en el fondo blanco del olvido. Sobre él recrearé el recuerdo de estos días. Lisboa, julio de 2013

Saudades

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Hay una costumbre que conservo en mí desde que tengo uso de razón, y es la de abandonarme al silencio más profundo cada vez que en las cuerdas de mi sensibilidad se combina la melodía precisa. Regresar al mismo lugar después de once años, y seguir sintiendo lo mismo, me ayuda a confirmar que hay cosas en mí, las que más me interesan cuando trato conmigo mismo, que no han cambiado... Y lo más importante: que a pesar del tiempo pasado, aquél que fué, sigue en cierto modo aquí. (Óbidos, julio 2013)

Las nubes, una vez más

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Como siempre que adorno mi cuaderno con ellas, marcho siguiendo el vuelo libre y reposado de alguna nube. Quizá no lo haga al lugar más adecuado, pero al fin y al cabo lo que importa es soñarlas, y trazar su derrota sobre el fondo azul de las aguas celestes. Hasta la vuelta.

Cerca trova

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Hará cosa de un año que se armó un revuelo terrible entre los expertos y aficionados al arte. Desde siempre, se ha tenido por sabido que bajo un fresco de Vasari representando “La batalla de Scannagallo” que hay en la la sala de los Quinientos del Palazzo Vecchio de Florencia, se ocultan las primeras pinceladas de uno de Leonardo representando otra batalla: la de Anghiari. Así pues, a principios del 2012, un grupo de “especialistas” lo prepararon todo para ver que había de cierto en ello, y descubrir lo que podía quedar del de Da Vinci. Parece ser que hasta los de National Geographic pusieron dineros para ello, tan necesitados como están de pienso para su canal de documentales: ya nos han mostrado el rostro de Cristo, los misterios de las alcantarillas de Ohio y la implicación de los extraterrestres en el asesinato de Kennedy, así que un nuevo Leonardo podría ser canela fina. El caso es que la cosa saltó a la prensa, pueden verse por ejemplo en la red fotografías de los agujeros que...

Ezenggileen

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Leí hará cosa de un año acerca de la lengua Tuva y los rasgos que en ella pueden darse de quienes la hablan allá por las tierras del corazón de Asia. A uno le entraron por el ojo las historias de todas aquellas etnias, familias, tribus o clanes de origen mongol al leer sobre los oirates o calmucos en “La rebelión de los tártaros” de Thomas de Quincey. De ello hace ya muchísimos años y, desde entonces, me da por imaginar un viaje por aquellas tierras del corazón profundo de Asia al modo de los nómadas, con su característico caballo enano, la yurta y el fiel halcón. Pero como uno no está para esos trotes y la vida le ha hecho acostumbrarse hasta la dependencia a los vicios y virtudes de las comodidades occidentales, deja de lado todo esto como meras ensoñaciones y, a modo de consuelo, recurre de vez en cuando a lecturas sobre todo lo que late en el corazón de Asia. Ezenggileen se refiere en lengua Tuva a un tipo de canto, música o composición que evoca los ritmos pulsátiles del galopar ...